Blog · Semana mundial del parto respetado· activismo· Matronas· Doulas ·
Historia de la Semana Mundial del Parto Respetado en Latinoamérica: de la denuncia del intervencionismo a la recuperación de la voz en el nacimiento
Por Yennifer Márquez • 16 de mayo 2026 • 5 min de lectura
Cada mayo, miles de organizaciones, matronas, obstetras, doulas, universidades y colectivos de mujeres conmemoran la Semana Mundial del Parto Respetado. Sin embargo, más que una efeméride, esta semana representa un movimiento histórico, político y cultural que ha transformado profundamente la manera de comprender el nacimiento en distintas partes del mundo, especialmente en América Latina.
La evolución de sus lemas anuales permite observar con claridad cómo las preocupaciones del movimiento han ido cambiando a lo largo del tiempo: desde la denuncia de intervenciones obstétricas rutinarias, hasta la reflexión sobre autonomía, violencia obstétrica, derechos humanos y recuperación de la voz de las mujeres durante el parto.
El lema del año 2026 — “Parir con voz, parir con orgullo” — parece condensar décadas de lucha por devolver dignidad y protagonismo a quienes atraviesan la experiencia del nacimiento.
Los antecedentes: la medicalización del nacimiento
Para comprender el surgimiento del movimiento por el parto respetado es necesario retroceder hacia la segunda mitad del siglo XX, período en que el nacimiento pasó progresivamente desde el ámbito doméstico y comunitario hacia el espacio hospitalario.
Este proceso permitió disminuir importantes indicadores de morbimortalidad materna y neonatal. Sin embargo, también consolidó un modelo tecnocrático del nacimiento caracterizado por:
- institucionalización del parto,
- aumento de intervenciones rutinarias,
- separación madre-bebé,
- pérdida de autonomía de las mujeres,
- y subordinación de los procesos fisiológicos a protocolos biomédicos.
Durante décadas, prácticas como:
- la episiotomía rutinaria,
- la restricción de movimiento,
- el uso indiscriminado de oxitocina,
- las cesáreas innecesarias,
- o la separación inmediata del recién nacido,
fueron naturalizadas dentro de muchos sistemas de salud.
Un hito fundamental ocurrió en 1985 con la Declaración de Fortaleza impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde se cuestionó formalmente la medicalización excesiva del parto y se afirmó:
“El nacimiento no es una enfermedad.”
La declaración promovió recomendaciones orientadas a disminuir intervenciones innecesarias y recuperar una atención centrada en la fisiología, el bienestar emocional y la participación activa de las mujeres.
El surgimiento de la humanización del nacimiento en Latinoamérica
Durante las décadas de 1990 y 2000 comenzaron a consolidarse en América Latina múltiples movimientos vinculados a la humanización del parto y nacimiento.
En distintos países surgieron:
- colectivos feministas,
- agrupaciones de apoyo a la lactancia,
- organizaciones de doulas,
- asociaciones de matronas y obstétricas,
- experiencias de parto en casa,
- y equipos clínicos críticos del modelo altamente intervencionista.
Brasil y Argentina tuvieron un rol especialmente relevante en el desarrollo de estas discusiones, particularmente en torno a:
- violencia obstétrica,
- autonomía reproductiva,
- derechos sexuales y reproductivos,
- y soberanía sobre el cuerpo gestante.
En este contexto nace la:
Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (RELACAHUPAN)
RELACAHUPAN articuló organizaciones y profesionales de distintos países de la región, promoviendo una mirada profundamente política y ética sobre el nacimiento.
Desde esta perspectiva, humanizar el parto no implicaba “romantizar” la experiencia, sino cuestionar estructuras institucionales que históricamente habían invisibilizado la experiencia subjetiva de las mujeres.
El movimiento latinoamericano comenzó entonces a comprender el parto respetado no solo como una discusión clínica, sino también como:
- una cuestión de derechos humanos,
- justicia reproductiva,
- género,
- autonomía corporal,
- y dignidad en la atención sanitaria.
En Chile, este movimiento también encontró eco en distintas organizaciones y espacios formativos comprometidos con transformar la forma en que se acompaña el nacimiento. Nosotros, como docentes en ese entonces, fuimos parte del trabajo de RELACAHUPAN Chile y, desde hace más de una década como Escuela Renacer, hemos participado activamente en la difusión y reflexión en torno a la Semana Mundial del Parto Respetado, realizando encuentros, talleres, conversatorios y actividades educativas orientadas a mantener viva esta conversación en la comunidad y entre profesionales de la salud.
A lo largo de estos años, Escuela Renacer ha acompañado la evolución de los debates sobre humanización del nacimiento, integrando en sus procesos formativos temas como:
- fisiología del parto,
- autonomía y consentimiento,
- salud emocional,
- acompañamiento respetuoso,
- cuidados integrales,
- y evidencia científica actualizada.
La fotografía corresponde a uno de los conversatorios abiertos que hacíamos en la Universidad de Santiago de Chile. En aquella época donde el activismo era presencial.
El nacimiento de la Semana Mundial del Parto Respetado
La Semana Mundial del Parto Respetado comenzó a impulsarse oficialmente en 2004, promovida inicialmente por la Asociación Francesa por el Parto Respetado (AFAR). Rápidamente, organizaciones latinoamericanas —incluyendo RELACAHUPAN— incorporaron la iniciativa y la adaptaron a las realidades regionales.
Desde entonces, cada año se propone un lema internacional que busca visibilizar distintas dimensiones vinculadas al nacimiento.
Sin embargo, en América Latina estos lemas adquirieron una profundidad particular debido a las condiciones estructurales de la atención obstétrica en la región.
La evolución de los lemas: una historia de transformación cultural
2004 — “No a la Episiotomía”
Uno de los primeros focos del movimiento fue cuestionar la episiotomía rutinaria, práctica ampliamente naturalizada durante décadas pese a la escasa evidencia sobre sus beneficios sistemáticos.
El lema marcó el inicio de una crítica abierta al intervencionismo obstétrico realizado muchas veces sin consentimiento informado.
2005 — “Libertad de movimiento en el trabajo de parto y parto”
Aquí comenzó a recuperarse el valor fisiológico del movimiento, las posiciones verticales y la participación activa de las mujeres durante el trabajo de parto.
El cuerpo dejaba de ser considerado un objeto pasivo de intervención médica.
2006 — “Respetemos los tiempos del nacimiento”
Este lema cuestionó la aceleración institucional del parto mediante inducciones y protocolos rígidos que muchas veces ignoraban los ritmos fisiológicos individuales.
2008 — “No separar puede ser vital”
La campaña puso énfasis en:
- contacto piel con piel,
- apego precoz,
- y permanencia continua madre-bebé.
Estas prácticas comenzaron a reconocerse no solo como experiencias emocionales positivas, sino como intervenciones con beneficios clínicos concretos.
2009 — “No a las cesáreas innecesarias”
Este fue uno de los lemas más influyentes en Latinoamérica.
RELACAHUPAN denunció el aumento sostenido de cesáreas en sistemas públicos y privados, alertando sobre la industrialización del nacimiento y la patologización de procesos fisiológicos.
2010 — “Nacimiento traumático: cómo evitarlo”
El movimiento comenzó a hablar abiertamente sobre trauma obstétrico.
Las experiencias emocionales del nacimiento empezaron a ser consideradas parte central de la salud materna.
2011 — “Por el derecho a elegir dónde, cómo y con quién parir”
La autonomía reproductiva se instala como eje central.
La discusión ya no se limitaba a disminuir intervenciones, sino a reconocer capacidad de decisión.
2013 — “Silencio. Mujer pariendo, bebé naciendo.”
Uno de los lemas más emblemáticos e icónicos del movimiento.
La frase cuestionaba:
- la hiperintervención,
- el exceso de órdenes,
- el ruido institucional,
- y la desconexión del proceso fisiológico.
Pero también proponía algo más profundo:
la necesidad de escuchar el nacimiento.
2014 — “Parir es poder”
Muy influenciado por el pensamiento feminista latinoamericano, este lema posicionó el parto como experiencia corporal, política y transformadora.
2018 — “Menos interferencias, más cuidados”
La campaña cuestionó nuevamente la medicalización excesiva y promovió modelos de atención basados en:
- acompañamiento continuo,
- evidencia científica,
- fisiología,
- y cuidado respetuoso.
2020 — “Mi decisión debe ser respetada”
La pandemia de COVID-19 reactivó discusiones urgentes sobre:
- consentimiento informado,
- restricciones de acompañamiento,
- y derechos reproductivos en contextos de crisis sanitaria.
2023 — “Salud es parir sin violencias”
La violencia obstétrica quedó definitivamente instalada como problema de salud pública y derechos humanos en numerosos países de la región.
2026 — “Parir con voz, parir con orgullo”
El lema actual parece sintetizar toda la trayectoria histórica del movimiento.
Después de décadas denunciando:
- silenciamiento,
- intervenciones innecesarias,
- violencia obstétrica,
- y pérdida de autonomía,
la discusión vuelve a algo esencial:
la voz de las mujeres en el nacimiento.
Reflexiones finales
La historia de la Semana Mundial del Parto Respetado en Latinoamérica es también la historia de una transformación cultural profunda. Lo que comenzó como una crítica a ciertas prácticas obstétricas terminó abriendo preguntas mucho más amplias sobre:
- derechos,
- autonomía,
- género,
- poder institucional,
- y humanidad en la atención sanitaria.
Cada lema anual refleja una etapa distinta de esta evolución histórica.
Mirarlos en conjunto permite observar cómo el movimiento ha transitado:
desde la denuncia de intervenciones específicas,
hacia la defensa integral de la dignidad y protagonismo de las mujeres durante el nacimiento.
En este contexto, hablar hoy de parto respetado implica mucho más que hablar del momento del parto.
Implica preguntarnos:
- cómo acompañamos,
- cómo escuchamos,
- qué lugar damos a la experiencia subjetiva,
- y qué entendemos verdaderamente por cuidado.
Después casi dos décadas participando activamente de esta conmemoración, continúamos sosteniendo el compromiso de generar espacios de formación, reflexión y diálogo que integren evidencia científica, fisiología, salud emocional y derechos humanos en torno al nacimiento.
Porque humanizar el nacimiento no consiste únicamente en cambiar protocolos.
Consiste, profundamente, en volver a reconocer humanidad allí donde durante mucho tiempo predominó el silencio.