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Parto en agua, lo que revela la evidencia actual
En los últimos años, el parto en agua ha dejado de ser una opción alternativa para convertirse en una estrategia respaldada por la evidencia, reconocida por sus beneficios fisiológicos, emocionales y clínicos durante el trabajo de parto y parto. Sin embargo, aún persisten resistencias institucionales —basadas en miedos no siempre sustentados—, pero los datos más recientes, publicados en 2024 en dos revistas científicas de alto impacto (BJOG y AJOG), consolidan el parto en agua como una práctica segura y eficaz, tanto para la madre como para el recién nacido/a.
Estudio POOL: el mayor análisis de partos en agua hasta la fecha
El estudio POOL (Sanders et al., 2024) fue realizado en 26 servicios de salud públicos del Reino Unido (NHS) e incluyó a más de 73.000 mujeres que utilizaron inmersión en agua durante el trabajo de parto, comparando aquellas que dieron a luz en el agua con las que salieron antes del expulsivo.
Principales hallazgos:
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No se observó un aumento en lesiones graves del periné (OASI) en mujeres que permanecieron en el agua hasta el nacimiento.
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Primíparas: 4,8% (en agua) vs. 5,3% (fuera del agua)
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Multiparas: 1,1% (en agua) vs. 1,7% (fuera del agua)→ Incluso se evidenció una reducción del riesgo en mujeres multíparas.
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Resultados neonatales similares o mejores en el grupo de parto en agua:
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Menores tasas de ingreso neonatal por antibióticos o soporte respiratorio
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Ningún aumento en mortalidad perinatal ni complicaciones graves
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Conclusión: Quedarse en el agua durante todo el proceso, incluso hasta el nacimiento, no incrementa riesgos y puede traer beneficios concretos, especialmente en ambientes con matronas capacitadas y buena infraestructura.
Este estudio fue reconocido por el Royal College of Midwives como una de las investigaciones más relevantes del año por su impacto en la mejora de la atención al parto.
Revisión sistemática y metaanálisis (AJOG, 2024):
Más de 320.000 partos analizados
Complementando al POOL, la revisión sistemática y metaanálisis realizada por McKinney y colaboradores (AJOG, 2024) evaluó los datos de 52 estudios internacionales, comparando nacimientos en agua con nacimientos convencionales en tierra firme.
Resultados destacados:
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-20% menos riesgo de hemorragia postparto
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-31% de probabilidad de que el recién nacido tenga un Apgar bajo
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-36% menos riesgo de infección neonatal
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-40% menos riesgo de aspiración neonatal
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-44% menos ingresos a unidad neonatal (NICU)
Todos estos resultados favorecieron de forma estadísticamente significativa al grupo de parto en agua.
Riesgos observados: Leve aumento en la avulsión (rotura total o parcial) del cordón umbilical (aprox. 0,5%), generalmente relacionado con la técnica al elevar al bebé fuera del agua. Este riesgo puede reducirse con capacitación profesional y vigilancia del momento del nacimiento.
¿Por qué es importante esta evidencia?
Tanto el estudio POOL como el metaanálisis de McKinney coinciden en que el parto en agua no solo es seguro, sino que puede mejorar resultados clínicos y aumentar la satisfacción de la mujer con su experiencia de nacimiento. Esto resuena profundamente con lo que muchas parteras y mujeres han vivido y transmitido desde hace décadas.
Beneficios adicionales (más allá de los datos):
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Favorece un ambiente íntimo, cálido y con menor intervención
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Facilita el movimiento libre y la adopción de posiciones fisiológicas
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Reduce la percepción del dolor y mejora la oxigenación
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Estimula la producción natural de oxitocina y endorfinas
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Disminuye el uso de anestesia o analgésicos
Estos estudios invitan a los sistemas de salud y a los equipos profesionales a:
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Desarrollar protocolos claros para el parto en agua en contextos seguros
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Formar a matronas y equipos en el manejo adecuado de la inmersión intraparto
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Promover la autonomía de las mujeres en la elección de su entorno de parto
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Reconocer la evidencia como guía para humanizar la atención al nacimiento