Hace pocos días, el Ministerio de Salud de Chile publicó la nueva Norma técnica de prevención de endometritis puerperal, documento que actualiza recomendaciones relevantes para el proceso de atención del parto y puerperio. Esta guía no solo entrega orientaciones técnicas, sino que también introduce —de manera explícita e implícita— un cambio de paradigma en la forma en que comprendemos el parto: desde una lógica históricamente medicalizada y quirúrgica hacia una atención coherente con su naturaleza fisiológica.
¿Por qué es importante esta guía?
La relevancia de esta nueva guía radica en que otorga respaldo normativo a nivel nacional para revisar y modificar prácticas profundamente arraigadas en la atención del parto, muchas de las cuales carecen de evidencia actual que las justifique. En particular, aborda aspectos críticos como:
- El uso de paños o campos estériles durante el parto.
- La vestimenta de los acompañantes.
- El uso rutinario de antisépticos en el periné durante el trabajo de parto y el parto.
- La posición adoptada para el nacimiento.
- El uso de antibióticos como profilaxis.
Estos elementos, que durante décadas se han aplicado desde una lógica de asepsia quirúrgica, son revisados a la luz de la evidencia contemporánea, permitiendo diferenciar claramente entre procesos fisiológicos y procedimientos quirúrgicos.
El parto no es un acto estéril
Uno de los aportes más significativos —aunque no siempre explicitado de forma directa— de esta guía es el reconocimiento de que el parto es un evento fisiológico y no estéril. Esta distinción es fundamental, ya que muchas prácticas sanitarias han estado sostenidas más por el miedo a la infección que por evidencia científica sólida.
Desde lo simbólico, estas prácticas han tenido efectos profundamente violentos: mensajes como “no toque los paños porque contamina” o la antisepsia rutinaria de los genitales externos transmiten la idea de que el cuerpo de la mujer es sucio, contaminado o incluso peligroso para el recién nacido. Estas acciones no son neutras; construyen una narrativa en la que el cuerpo de la mujer gestante es problemático y debe ser controlado.
La nueva guía permite cuestionar estas lógicas y abrir paso a una atención más respetuosa, coherente y basada en evidencia.
Actualización de protocolos y respaldo a los cambios
La implementación de esta guía implicará necesariamente la actualización de protocolos de atención en los distintos niveles del sistema de salud. Esto permitirá erradicar prácticas que, pese a contar con más de 40 años de evidencia en contra, continúan vigentes por inercia institucional.
Al mismo tiempo, ofrece respaldo a los y las profesionales que ya han avanzado hacia modelos de atención respetuosa del parto, evitando que sus prácticas sean cuestionadas o limitadas por normativas obsoletas.
Principales orientaciones que refuerza la nueva guía
A partir de este documento, se consolidan orientaciones clave:
- Uso de campo estéril solo de forma posterior, únicamente en la superficie donde se recibirá al recién nacido, y no sobre el cuerpo de la mujer.
- No uso de antisépticos (como povidona yodada o clorhexidina) en los genitales externos durante el trabajo de parto y el parto, dado que eliminan la microbiota, pueden lesionar piel y mucosas y no reducen infecciones.
- Posición de parto libre, favoreciendo especialmente las posiciones verticales.
- Quienes asisten un parto fisiológico utilizan vestimenta limpia y elementos de protección personal necesarios, pero no vestimenta estéril.
- La mujer y su acompañante utilizan ropa común, no vestimenta propia de un pabellón quirúrgico.
- Antibioticoprofilaxis solo en casos de riesgo, no de forma rutinaria.
- Implementos como balones, maní u otros deben contar con limpieza adecuada y uso individual.
- En relación con el uso de tina, la guía se pronuncia de forma indirecta validando la hidroterapia durante el trabajo de parto, siempre que se cumplan las condiciones de higiene correspondientes.
- Favorecer el alumbramiento espontáneo y evitar la revisión instrumental de rutina.
- No utilizar enemas ni rasurados de rutina
¿Qué prácticas sí reducen las infecciones?
La evidencia es clara en señalar que la reducción de infecciones no se logra mediante la esterilización del proceso fisiológico, sino a través de medidas simples y efectivas:
- Disminuir el número de tactos vaginales.
- Realizar un adecuado lavado de manos.
- Asegurar que la ropa de quienes acompañan el parto esté limpia.
- Utilizar campo estéril únicamente si es necesario suturar.
- Realizar revisión instrumental solo cuando esté clínicamente indicada.
La nueva Norma técnica para prevenir la endometritis puerperal representa una oportunidad histórica para desmedicalizar prácticas innecesarias, reparar daños simbólicos y avanzar hacia una atención del parto más humana, respetuosa y basada en evidencia.
Reconocer el parto como un proceso fisiológico no implica descuidar la seguridad, sino comprender que la seguridad se construye desde el respeto al cuerpo, a sus tiempos y a sus procesos, y no desde el control excesivo ni el miedo a la biología femenina.
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